Ya sé que no se escarmienta en cabeza ajena. Pero, pese a ello, os voy a contar una experiencia que he vivido hace unos días. Puse a la venta mi moto de enduro –una preciosa Husaberg 300- y enseguida me llamó un tío de Onteniente. Me dio la tabarra durante dos semanas: “Que la quiero”, “No me la vendas, que la quiero seguro”, “Oye, ¿no la habrás vendido? ¿Verdad?”.
Al final cerramos un precio pero me pidió un favor: Como yo soy de Madrid, me proponía quedar a mitad de camino, en Honrubia. Bueno, me parecía justo. Así que le envié el contrato con el precio pactado, un montón de fotos, la documentación escaneada… en fin todo. Y quedamos.
Y pasó lo que tenía que pasar. Después de revisar y probar la moto durante media hora, me dice: “Es que soy un poco gitano”. Y se pone a regatear. Mentira, no era un poco gitano; un poco no.
No me alargo. Cinco minutos después estaba de vuelta a Madrid con mi moto. Perdí una mañana entera, 50 € de combustible y varios posibles clientes. Gané experiencia: Tendemos a pensar que todos los que vamos en moto somos cojonudos, pero no es así. Se puede ser motero o endurero y no tener palabra.
En resumen, el próximo que quiera mi moto, tendrá que venir a mi casa a por ella.
Compartir


Últimos comentarios
por Anónimo (no verificado)
por Berto (no verificado)
por Anónimo (no verificado)
por koyote (no verificado)
por Anónimo (no verificado)